Las personas que ejercen este rol han existido desde los albores de la humanidad, bien sea por poseer habilidades como la fuerza, inteligencia, capacidad de diseñar estrategias, credibilidad, motivar al grupo, poder de convencimiento, entre otros. Estas destrezas nos aseguraron la supervivencia en el devenir de nuestra historia como especie; sin embargo gracias al afán de conquista propio de los humanos, las guerras por el dominio de territorios se hicieron comunes. Los vencidos fueron sometidos a los rigores de la esclavitud y por ende a la realización de trabajos extenuantes, en otros casos, los ciudadanos debían laborar en grandes obras producto de las necesidades reales o no de sus reyes. Los líderes de equipos de trabajo se caracterizaban por ejercer una autoridad férrea que se mantuvo por siglos. En la actualidad aún en países de América latina, Asia y África, quedan vestigios de esa visión colonialista-esclavista de ejercer el liderazgo.

Un liderazgo tóxico puede generar grandes pérdidas a las organizaciones; reclutar formar y mantener a líderes es un proceso constante pues entran en juego muchas variables psicológicas que pueden afectar para bien o para mal el desempeño del equipo de trabajo. Por ello se debe insistir en buscar características del perfil de personalidad que son comunes en buenos líderes que a continuación se detallan brevemente:

  • Inmunidad a la adulación: quienes son sensibles a la adulación terminan por abstraerse de la realidad y creerse los falsos cumplidos que reciben, mi experiencia me ha demostrado que aquellos colaboradores que esperan recibir beneficios a base de halagos son terriblemente ineficientes además de desleales; y quienes ceden a la tentación de la lisonja terminan por ser un factor determinante en la generación de un clima tóxico, lo que constituye una terrible experiencia para aquellos trabajadores que optan por cumplir su labores, lograr reconocimientos y/o ascensos por méritos propios.
  • Tolerancia a la crítica: un líder serio debe ser capaz de tolerar a quienes no piensen como él además de tener la madurez para reconocer sus errores y aprender de ellos.
  • Buen uso del poder: el hecho de ejercer liderazgo representa manejar cuotas de poder, en el sentido del uso de los recursos materiales y del talento humano. En este particular, el psicólogo clínico y neurocientífico Ian Robertson quien se ha dedicado a estudiar las emociones señala que “Incluso ante minúsculas cuotas de poder, nuestro comportamiento cambia”. Por ello, hay que administrar el poder de la mejor manera y tener presente que no gozaremos de éste para siempre; quienes abusan y perjudican a otros mientras se valen del poder que manejan terminan por recibir, tarde o temprano las consecuencias de sus actos, es ley de vida.
  • Manejo el ego: el éxito de la gestión de un líder es inversamente proporcional al tamaño de su ego, supervisores, gerentes, personal directivo, entre otros que sirven en primer lugar a su yo terminan por desvirtuar los objetivos de la organización, muy probablemente llegan a desconocer y subestimar el talento del equipo de trabajo, lo que genera incomodidad, resentimiento, frustración, etc.
  • Conocer a sus colaboradores: es prácticamente imposible generar conexiones afectivas que deriven en cohesión grupal si el líder no se toma el tiempo necesario para conocer más allá de las formalidades a su equipo, por supuesto que debe hacerse con total respeto por los aspectos de la vida privada de cada quien pues la intención de acercarse debe estar dirigida a comprender la cosmovisión de cada integrante de su grupo además de situaciones cotidianas que pudieran afectar o potenciar las habilidades y/o desempeño. Buscar información de quienes le acompañan en el tiempo que dura la jornada laboral en lo referente a historia de vida, sueños por realizar, relaciones familiares, vida social, tiempo libre y el ámbito espiritual son de gran ayuda.

 

Para culminar, quiero destacar que el liderazgo debe ser ejercido por personas que posean una fuerte vocación de servicio, pues las tendencias dentro de las organizaciones van dirigidas a que sea el líder quien atienda las necesidades de sus colaboradores y no al revés. Los líderes que han dejado profunda huella en la historia han usado el poder para sembrar optimismo, mover masas hacia lo que se creía imposible, cambiar el curso de los acontecimientos o para conducir a los pueblos a la barbarie, el odio y la destrucción. Es tarea de cada quien hacer una autoevaluación para elegir qué tipo de líder quieres ser.

Pedro J. Palencia C.

Psicólogo