MUJER PROFESIONAL Y EXITOSA ¿SOLTERA E INFELIZ?

MUJER PROFESIONAL Y EXITOSA ¿SOLTERA E INFELIZ?

“Tengo un gran problema, soy muy infeliz…. me siento triste y sola, no me he casado aún, ni siquiera tengo novio y el último que tuve fue un desastre, mi mamá dice que quien tiene suerte con el dinero no tiene suerte en el amor….ya quiero tener una familia, hijos y las cosas con las que sueña toda mujer, siento que el tren se me  pasa, tengo mi profesión, carro, un buen trabajo y apartamento… y no sé por qué a pesar de tener todo eso me siento tan deprimida, le pido a Dios que me envíe a un buen hombre que me haga feliz pero nada…a veces pienso que debe haber algo malo en mí; ya todas mis amigas se casaron o tienen sus hijos y me da rabia ir a sus reuniones porque todas están con sus esposos y yo soy la única que anda de amargada, he pensado seriamente en buscarme a alguien que me embarace y tener aunque sea la alegría de ser madre pero no sé…no quiero ser una vieja cuya única compañía sean loros y gatos…lo único que quiero es tener a alguien que me haga feliz…”  María Angélica, 32 años. Abogado.

Declaraciones como estas se escuchan con bastante frecuencia en consulta; mujeres atractivas, económicamente estables y “exitosas” acuden en busca de una solución eficaz (por no decir mágica) a sus deseos plausibles de tener un compañero de vida y en consecuencia, una familia bien conformada. En este artículo daremos una pequeña mirada a algunos factores que inciden directamente en este tema.

En primer lugar tenemos que, por lo menos en nuestro país (Venezuela), a las jóvenes que he entrevistado o atendido en consulta, al preguntarles sobre sus proyectos de vida la mayoría señala que les gustaría casarse y tener su primer hijo entre los 26 y 28 años de edad; cosa que no ocurre en otras latitudes donde las personas piensan vivir la experiencia del matrimonio, vida en pareja y/o la maternidad a edades más avanzadas. No pretendo destacar que esto sea bueno o malo, simplemente es algo que nos caracteriza. Al parecer se activa el reloj biológico que indica a las féminas que ya es hora de procrear y están en plena capacidad para ello.

Por otra parte, existe gran presión social y familiar hacia las solteras, principalmente por parte de las mujeres del núcleo familiar (sobre todo las tías) de las pacientes quienes les comentan con sutilidad despiadada: “¿Y qué pasa que no te has casado aún?, ¿De verdad es que no consigues a nadie?, ¿Y por qué si tú eres bonita? (mientras la mirada va de arriba abajo cual scanner en busca de algún defecto), ¡Se te va a pasar el autobús! ¡Mira que es muy triste estar sola!  Pareciera que una mujer que no se haya casado o no tenga pareja es sospechosa de que algo malo sucede con ella, tiene mal carácter, es muy cuaima*, su desempeño en la cama o habilidades amatorias son deficientes e incluso, se ponen en entredicho sus preferencias sexuales.

Igualmente existe la creencia popular de que una mujer que se molesta con facilidad o que tiene mal genio cambiaría su actitud si encontrara marido o una persona que le “haga el favor”.  Con respecto a este punto consideremos que, si estar con el consorte fuese garantía de felicidad, no existirían las rupturas, peleas, discusiones o divorcios y, en consecuencia, la depresión no representara uno de los principales motivos de consulta; además, las mujeres casadas tampoco asistirían a psicoterapia porque se sienten infelices. Estos razonamientos se encuentran arraigados en nuestro inconsciente, por eso los tomamos como verdades absolutas con sus nefastas consecuencias.

Somos animales gregarios, esto significa que tenemos necesidad de pertenecer, formar parte de un grupo, de vivir en amor con alguien (hombre-mujer, hombre-hombre o mujer-mujer) según sea el caso. Requerimos alejar a la “terrible soledad” para co-existir con las personas que queremos; de niños eran nuestros padres, hermanos, abuelos, primos; y de adultos, nuestra pareja e hijos. A pesar de que dedicamos bastante tiempo y energía en la búsqueda de riqueza, poder, crecimiento profesional, prestigio y reconocimiento social; no existe ningún área de la vida donde existan mayores promesas, deseos y expectativas (además de tristeza, frustración y angustia) que en el ámbito de la pareja.

Al partir de la convicción de que la felicidad es un regalo que alguien pone a nuestros pies, ocurre que pretendemos que la pareja sea la “pócima” para todas nuestras dolencias afectivas, y la responsabilizamos de nuestro destino al ponerlo en sus manos, sin tener conciencia de que se le entrega autoridad y poder que no le corresponde, en tanto que, la obligación de hacer feliz al otro pudiera representar una carga muy pesada.

En otros casos, este poder pudiera convertirse en el arma que se use para arremeter en contra nuestra como fuente de sufrimiento. Al final de la relación, o de nuestro paso por el mundo, lo que queda es afirmar con amarga resignación que no tuvimos suerte, que la vida no es fácil y mucho menos el matrimonio o la vida en pareja…

A quienes anhelan una relación para encontrar felicidad, como en el caso de María Angélica, reseñado en el primer párrafo, les tengo una noticia: la pareja no da felicidad, puede darte vinculación, sexualidad, compañía, sentido de pertenencia, crecimiento, ternura… La pareja puede brindarte felicidad pero NO tiene el poder de hacerte feliz. La felicidad es otra cosa, un estado mental, una decisión que se toma a pesar de las circunstancias que nos toque (o elijamos) vivir, tengamos pareja o no. La felicidad sólo depende de nosotros mismos y de un claro conocimiento del SER que se obtiene a través de la reflexión y este es un proceso que propicia la psicoterapia ejercida por un profesional serio formado en esta área.

En el  momento en que te dispongas a SER feliz, lo demás vendrá por añadidura.

Y mientras tanto, ¿Qué hacer con la temible soledad?, sobre este tema hablaremos en la siguiente entrega…

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