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FAMILIA, PIEDRA ANGULAR DE NUESTRA HISTORIA Y PERSONALIDAD.

 

A LOS QUE TIENEN BUENAS FAMILIAS, Y A LOS QUE LES GUSTARÍA CAMBIARLA…

Para hablar de familia primeramente tenemos que referirnos a la pareja, dos personas se atraen y comparten sus historias ancestrales, cosmovisión, biología, sentimientos, lealtades a sus familias de origen, traumas, heridas, etc. Si rastreamos a nuestros antepasados en cada encuentro de pareja llegaremos inevitablemente a los primeros pobladores de la tierra, quienes al seguir su instinto de preservarse como especie se manifestaron su atracción y protegieron mutuamente para hacer frente a la hostilidad del mundo que les tocó vivir. Somos el resultado de las decisiones que tomaron de juntarse en algún preciso momento y lugar, estamos conectados por hilos invisibles, al final toda la humanidad conforma una gran familia.

Si bien la pareja representa la chispa que da origen a la vida, es la familia la incubadora que mantendrá las condiciones requeridas para experimentar, explorar, aprender, expandirse… a través de la interacción con papá, mamá, hermanos, tíos, primos, abuelos, vivimos el amor, se forman nuestras creencias, se conoce el dolor, la frustración porque también la familia está compuesta por seres muy odiosos a los que en algún momento (o todo el tiempo) deseáramos borrar por el daño que nos han causado.

Todos provenimos de ese grupo y lo que somos se lo debemos a las personas con las que compartimos, principalmente a nuestras madres quienes ejercen gran influencia en nosotros (para bien o para mal). Independientemente de cómo haya sido la experiencia de familia llega el momento en la vida en que se hace necesario hacer un alto para integrarla y posteriormente honrar a los progenitores; si tu vivencia fue buena entonces te corresponde mejorar y homenajear a tus padres al procurarte una vida mejor, no importa si están vivos o hayan pasado a otro plano, siempre sonreirán tiernamente al ver que los superaste. Si por el contrario, atravesaste por traumas y tienes heridas dolorosas que a pesar del tiempo persisten, busca ayuda profesional que te permitan trascenderlas. La mejor venganza que se puede tomar contra alguien, quienquiera que sea y te haya hecho daño, consiste en superar el agravio y hacernos inmensamente felices. Da las gracias y suelta, la situación que tanto sufrimiento te causó te ha hecho más fuerte.

Por eso, al mirar nuestros recuerdos, sean éstos en blanco y negro o en colores; padres, hermanos, primos, abuelos, tíos… están dentro de nosotros, en las células y genes que diseñaron nuestra apariencia física y estilos afectivos. Para aquellos que nos acompañan y a los que dijimos adiós con profunda tristeza y dolor, y que se llevaron una parte de nuestras almas con su partida al otro mundo, nuestro amor correspondido en cada idioma que se exprese.

Celebra con tu familia (la de origen o la escogida) cada encuentro para compartir, canta (con o sin karaoke), baila, come y disfruta de cada llamada o mensaje; porque la familia es lo más importante.

Para finalizar deseo compartir con uds esta hermosa meditación del monje budista Thich Nhat Hanh como un justo reconocimiento a nuestros antepasados:

“En agradecimiento, me postro ante todos las generaciones de antepasados de mi familia biológica. Veo a mi madre y a mi padre, cuya sangre, carne y vitalidad corren por mis propias venas y alimentan cada célula de mi cuerpo. A través de ellos veo a mis cuatro abuelos.

Sus expectativas, experiencias y sabiduría me han sido transmitidas a través de innumerables generaciones de antepasados. Llevo en mí la vida, sangre, experiencia, sabiduría, felicidad y dolor de todas las generaciones. Practico para transformar el sufrimiento y los demás elementos susceptibles de ser transformados. Abro mi corazón carne y huesos para recibir la energía de la visión interior, del amor y de la experiencia transmitidos por nuestros antepasados. Veo que el origen de mis raíces procede de mi padre, mi madre, mis abuelos y todos mis antepasados. Sé que solo soy la continuación de este linaje ancestral. Por favor, apóyame, protégeme y transmíteme tu energía. Sé que dondequiera que los hijos y nietos estén, los antepasados también están allí. Sé que los padres aman y siempre apoyan a sus hijos y nietos aunque no sean capaces de expresarlo eficazmente por culpa de las dificultades que han tenido. Veo que mis antepasados han intentado construir un modo de vivir basado en la gratitud, la alegría, la confianza, el respeto y el amor compasivo. Como continuación de mis antepasados me postro profundamente y permito que sus energías fluyan a través de mí. Pido a mis antepasados que me apoyen, me protejan y me den fuerza.”

¡Amén!

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